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El mercado del petróleo ignora el riesgo logístico tras el ataque a Venezuela

| | 3 min read
Petróleo: la calma que esconde una grieta en Venezuela
La reacción de los mercados tras el reciente ataque de Estados Unidos a objetivos en Venezuela ha sido, para sorpresa de muchos, de una calma casi absoluta.

La estabilidad del crudo tras el ataque a Venezuela oculta tensiones financieras y logísticas que amenazan la economía.

La reacción de los mercados tras el reciente ataque de Estados Unidos a objetivos en Venezuela ha sido, para sorpresa de muchos, de una calma casi absoluta. Mientras los titulares sugerían un terremoto en los precios del crudo, las pizarras mostraron un movimiento apenas perceptible. 

Sin embargo, esa aparente indiferencia no es sinónimo de seguridad. Para Nigel Green, CEO de deVere Group, la estabilidad actual es un espejismo que enmascara un riesgo mucho más profundo y estructural.

Nigel Green, director ejecutivo de deVere Group.

La lógica del mercado es fría: el suministro global es abundante y la producción venezolana representa hoy una porción marginal del pastel mundial. "La moderación en los precios parece racional bajo estas condiciones", admite Green. 

La mayor parte del crudo venezolano fluye hacia China, lo que deja a las refinerías occidentales fuera de la línea de fuego directa. Pero que el Brent o el WTI no hayan saltado por los aires no significa que el peligro haya pasado; simplemente se ha desplazado de los terminales de trading a la infraestructura logística.

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El crudo pesado: un rompecabezas operativo

El problema no es solo cuánto petróleo sale, sino cómo sale. El crudo venezolano es pesado y especializado, un tipo de producto que no se reemplaza con un chasquido de dedos en las refinerías configuradas para él. 

Tras años de desinversión, el sistema energético del país opera al límite. Cualquier fricción adicional —ya sea por seguros que se encarecen, buques que evitan la zona o el endurecimiento de los canales de financiación— actúa como un multiplicador de tensión.

"Los mercados petroleros suelen romperse por la logística mucho antes de que se agote el recurso", advierte Green. Aquí es donde el factor tiempo se vuelve crítico. Si la tensión es un evento de un solo día, el mercado lo absorberá como ruido de fondo. Pero si la presión se prolonga, la fragilidad operativa de Venezuela empezará a pasar factura.

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Más allá de la gasolinera

La relevancia de este episodio va mucho más allá de lo que pagamos por llenar el depósito. El petróleo es el tejido conectivo de la economía global: afecta desde el precio del transporte de alimentos hasta los márgenes de beneficio de las manufacturas. Cuando la confianza energética flaquea, las empresas se vuelven cautas, las inversiones se congelan y los gobiernos ven cómo sus balanzas comerciales se desequilibran.

En última instancia, el riesgo no se mide hoy en dólares por barril, sino en incertidumbre sistémica. El exceso de oferta que hoy nos mantiene tranquilos es condicional; asume que no habrá otros incendios geopolíticos en paralelo. 

La historia nos ha enseñado que esa es una apuesta arriesgada. Como bien señala Green, el petróleo no necesita dispararse de precio para ser una amenaza: solo necesita perturbar la confianza, y ese proceso ya ha comenzado.

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Diómedes Tejada Gómez

Diómedes Tejada Gómez

Comunicador y mercadólogo, editor de DiarioDigitalRD en Nueva York. Contacto: diomedestejada@gmail.com

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