El Papa alerta sobre conquistas disfrazadas de ideología
León XIV advierte en su homilía final de 2025 contra estrategias hipócritas para dominar territorios.
En la última misa de 2025, entre el resonar de los cantos en la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV lanzó una advertencia solemne y directa. Su voz, dirigida a un mundo que cierra un año más, no se centró en generalidades. Apuntó a un mal concreto: esas “estrategias orientadas a conquistar mercados, territorios y zonas de influencia”, que suelen venir, dijo, “frecuentemente armadas y envueltas en discursos hipócritas, proclamas ideológicas y falsos motivos religiosos”.
No fue una condena abstracta. Fue una clarificación en un momento de reflexión, el Te Deum de fin de año, donde la Iglesia agradece y evalúa el tiempo pasado. El Pontífice, ante la tumba de Pedro, dibujó un contraste brutal entre las lógicas de poder de este mundo y una visión alternativa, que encuentra su símbolo máximo en la figura de María.
“La Santa Madre de Dios – la más pequeña y la más elevada entre las criaturas – mira la realidad con la mirada de Dios”, afirmó. Esa mirada, según sus palabras, tiene un efecto disruptivo: “dispersa las tramas de los soberbios, derriba a los poderosos de sus tronos y eleva a los humildes”. En el núcleo de su mensaje había una idea fuerza: frente a la imposición violenta o retórica, Dios actúa mediante una propuesta al corazón. María, explicó, es “la mujer con la que Dios escribió su Palabra no imponiéndola, sino proponiéndola a su corazón”.
León XIV entrelazó esta reflexión con el paso del tiempo. La fiesta de la Maternidad Divina de María, celebrada justo el 31 de diciembre, no es casual. “Cubre el paso de un año a otro y extiende sobre él la bendición”, señaló. Desde esa atalaya, el Pontífice miró hacia atrás, al Jubileo recién concluido, y hacia adelante, a las incertidumbres del futuro.
Para afrontarlas, dijo, hace falta reconocer un “designio”. Retomando la Carta a los Gálatas –“Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer”–, insistió en que la historia humana no es un caos, sino que tiene un centro claro. Lo comparó con “una alta montaña iluminada por el sol en medio de un espeso bosque: la plenitud de los tiempos”. Frente a las estrategias de conquista, él opone este proyecto divino, que describió como “sabio, benévolo y misericordioso”, “libre y liberador, pacífico y fiel”.
El cierre de su homilía fue un doble movimiento. Primero, un agradecimiento concreto y terrenal por los que sirvieron a los peregrinos en el Jubileo y trabajaron para hacer Roma más acogedora. Luego, una confianza puesta en lo alto: retomando un deseo del Papa Francisco, pidió que la ciudad, “animada por la esperanza cristiana”, sirva al designio de amor de Dios.
La advertencia inicial, pues, no se quedó en denuncia. Se enmarcó en una propuesta. En la quietud de la basílica, al filo de la medianoche, el mensaje fue claro: el antídoto contra los discursos hipócritas del poder no es otro discurso, sino una mirada diferente, una esperanza entrelazada y un “sí” personal como el de María, que según el Papa, sigue siendo el modelo para navegar los tiempos convulsos.
Artículos relacionados
Pro Consumidor refuerza vigilancia por ofertas del Día de los Reyes
Operativos siguen activos hasta el 6 de enero en comercios de alto flujo Santo Domingo.– Con la cercanía del Día de los Reyes Magos, el…
Fusión social logra récord en asistencia navideña en RD
DASAC distribuyó 1.5 millones de kits de alimentos y sirvió más de 15 millones de raciones. El año 2025 cierra en República Dominicana con una…
Maduro niega segunda llamada con Trump, pero abre la puerta a negociar
Caracas insiste en el diálogo con Washington mientras acusa a Colombia del narcotráfico CARACAS. – El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, negó haber sostenido una…