El FBI cierra su histórica sede central: edificio J. Edgar Hoover
Kash Patel cancela la nueva sede y muda la agencia al edificio Reagan.
Se acabó una era en la capital de Estados Unidos. El edificio J. Edgar Hoover, ese bloque de cemento de estilo brutalista que ha dominado la Avenida Pensilvania desde 1975, tiene los días contados. El nuevo director del FBI, Kash Patel, ha decidido cortar por lo sano con una de las tramas burocráticas más largas de Washington: el traslado de la sede central de la policía federal.
Tras décadas de debates estériles, planes que nunca arrancaban y una estructura que se caía a pedazos —literalmente, con redes instaladas para evitar que fragmentos de hormigón golpearan a los peatones—, la administración actual ha optado por una solución drástica. Patel anunció que el FBI no construirá el faraónico complejo que se venía proyectando, sino que se mudará a las antiguas dependencias de la USAID en el edificio Ronald Reagan.
Adiós al megaproyecto de 5,000 millones
La decisión no es solo logística, es puramente económica y política. Durante años, el plan sobre la mesa consistía en levantar una sede desde cero, un proyecto con un presupuesto estimado de 5,000 millones de dólares que, con suerte, estaría listo para el año 2035. Para Patel, esperar otra década y gastar esa fortuna era inaceptable.
"Logramos lo que nadie más pudo", afirmó el director a través de sus redes sociales, atribuyendo el éxito de la gestión a la colaboración directa con el presidente Donald Trump.
Al elegir el edificio Reagan, el gobierno asegura que ahorrará miles de millones de dólares al contribuyente y, lo más importante, permitirá que la transición comience de manera inmediata.
El edificio ya cuenta con gran parte de la infraestructura necesaria, aunque se realizarán mejoras críticas en materia de seguridad antes de que los agentes ocupen sus nuevos escritorios.
Un portazo a Maryland y a la historia
Esta mudanza entierra definitivamente las aspiraciones de Maryland. Las autoridades de dicho estado habían presionado intensamente para llevarse la sede fuera del distrito federal, argumentando que un complejo en las afueras sería más moderno y seguro. Sin embargo, la balanza se inclinó por mantener a la agencia en el corazón de Washington DC, a pocos pasos del Departamento de Justicia y la Casa Blanca.
El cierre del edificio Hoover también tiene un peso simbólico innegable. Lleva el nombre del primer director de la oficina, un hombre que estuvo al mando casi 50 años y cuya figura sigue siendo objeto de controversia por sus métodos.
Al abandonar estas paredes, el FBI no solo deja atrás un edificio que se volvió obsoleto para los desafíos tecnológicos del siglo XXI, sino que también cierra un capítulo histórico de su propia identidad institucional.
Aún no hay una fecha exacta para el último apagón de luces en el Hoover, pero las obras en el edificio Reagan ya están en marcha. Lo que es seguro es que el paisaje urbano de la capital está a punto de cambiar para siempre, dejando atrás el gris del hormigón por una operatividad mucho más ágil y cercana al poder político. Con datos de Europa Press.
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