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Congresistas EE UU buscan frenar la subida del gas con ley de ahorro

| | 5 min read
Congresista Adriano Espaillat.

El proyecto de ley en el que participa Adriano Espaillat, prohibiría la exportación masiva de gas natural.

NUEVA YORK.-Mientras los bolsillos de millones de familias estadounidenses se resienten por facturas de energía que no paran de subir, en el Congreso se libra una batalla para cambiar las reglas del juego. El representante Adriano Espaillat y el senador Edward J. Markey han presentado la "Ley para la Reducción de los Costos Energéticos en Estados Unidos", una propuesta directa al grano: si queremos bajar los precios en casa, debemos dejar de enviar tanto gas fuera de nuestras fronteras.

La lógica de Espaillat es sencilla y realista. Estados Unidos es hoy el mayor exportador de gas natural licuado (GNL) del mundo. Tenemos ocho terminales gigantescas que consumen más gas que 73 millones de hogares juntos. Al enviar ese recurso al mercado internacional, la oferta interna baja y los precios locales se disparan, beneficiando a los grandes magnates del sector pero castigando el presupuesto mensual de la gente común.

"Las facturas se han disparado y muchas familias han visto aumentos de dos dígitos en sus tarifas", señaló Espaillat. Para el congresista neoyorquino, la prioridad debe ser que los hogares estadounidenses van primero, antes que las empresas de inteligencia artificial o los compradores extranjeros.

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Una batalla contra los "multimillonarios del petróleo"

El proyecto no es un experimento nuevo. De hecho, el Congreso ya había prohibido las exportaciones de crudo y gas en 1975, una medida que se mantuvo vigente hasta que fue derogada en 2015. Espaillat y sus colegas, entre ellos figuras de peso como Bernie Sanders y Elizabeth Warren, argumentan que aquel cambio de reglas solo sirvió para que los "magnates petroleros" se hicieran más ricos mientras el ciudadano de a pie pagaba la diferencia.

Según datos recientes, desde que las exportaciones de GNL se descontrolaron, los hogares han pagado en promedio unos 124 dólares más al año por el servicio de gas. La nueva legislación busca restablecer esa prohibición para forzar una bajada de precios inmediata y, de paso, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

El respaldo de la comunidad

La propuesta ha caído como agua de mayo entre organizaciones civiles y ambientales. Jim Walsh, de Food & Water Watch, fue tajante al decir que esta ley es exactamente lo que las familias necesitan para frenar la "explotación" de los exportadores de gas. No es solo un tema de dinero; es un tema de salud pública y supervivencia climática.

Por su parte, la representante Yvette Clarke, quien colidera la iniciativa en la Cámara, subrayó que la inacción ante la crisis climática y el costo de vida ya es insostenible. "Es hora de poner al pueblo por encima de las ganancias ajenas", remató.

Con el apoyo de decenas de organizaciones como el Sierra Club y Greenpeace, el proyecto ahora enfrenta el reto de avanzar en un Congreso dividido, donde los intereses de la industria fósil suelen tener defensores ruidosos. 

Sin embargo, para Espaillat y Markey, la meta es irrenunciable: devolverle el control de los recursos energéticos a los ciudadanos y asegurar que encender la calefacción o la estufa no sea un lujo que ponga en riesgo el pago de la renta.

Más allá de lo remitido a este medio en un documento, para Nueva York, esta ley no es solo un tema de política nacional; es una cuestión de supervivencia económica para miles de hogares. El impacto se sentiría principalmente en tres frentes: el costo de la calefacción, la estabilidad de la factura eléctrica y la protección de las comunidades vulnerables.

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El alivio en la calefacción de invierno

En Nueva York, aproximadamente 3 de cada 5 hogares dependen del gas natural para calentarse durante los crudos meses de invierno. Al prohibir que las empresas exporten el gas hacia Europa o Asia (donde se vende mucho más caro), la oferta interna aumenta. Esto debería traducirse en una bajada directa en las tarifas de calefacción, evitando esos "sustos" de cientos de dólares que llegan por correo en enero y febrero.

Electricidad más barata y estable

Mucha gente no sabe que gran parte de la electricidad de Nueva York se genera quemando gas natural. Cuando el precio internacional del gas sube debido a la exportación masiva, las plantas eléctricas de Queens o Brooklyn pagan más por el combustible y, de inmediato, nos pasan ese costo a los consumidores.

  • Menos volatilidad: Al desconectar el gas estadounidense de los vaivenes del mercado mundial (como las crisis en Ucrania o el Medio Oriente), el precio del kilovatio/hora en Nueva York sería más predecible.

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Protección a los inquilinos y familias trabajadoras

Adriano Espaillat congresista por NY-13: Representa a comunidades en Manhattan y El Bronx, incluyendo sectores como Harlem y Washington Heights., donde muchos inquilinos viven con presupuestos ajustados.

  • Deuda de servicios públicos: Actualmente, el 23% de los estadounidenses ha tenido problemas para pagar al menos una factura de energía en el último año. En ciudades con un costo de vida tan alto como Nueva York, este alivio económico podría ser la diferencia entre mantener las luces encendidas o caer en deudas asfixiantes.
  • Justicia ambiental: Muchas de las infraestructuras de gas se encuentran cerca de barrios de clase trabajadora. Detener la expansión de terminales de exportación también reduce la presión para construir más tuberías que atraviesen estas comunidades.
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Diómedes Tejada Gómez

Diómedes Tejada Gómez

Comunicador y mercadólogo, editor de DiarioDigitalRD en Nueva York. Contacto: diomedestejada@gmail.com

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