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El agua de un cometa revela un parecido sorprendente con la de la Tierra

| | 3 min read
Orígenes del agua terrestre. Se cree que el H2O terrestre se introdujo hace miles de millones de años mediante una combinación de impactos de cometas, asteroides y meteoritos. REMITIDA / HANDOUT por NASA / THEOPHILUS BRITT GRISWOLD Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma 08/8/2025

El 12P/Pons-Brooks presenta la proporción más baja de deuterio medida en su clase

Un equipo internacional de astrónomos ha encontrado en el cometa 12P/Pons-Brooks una pista que reaviva un viejo debate: el origen del agua en la Tierra. El hallazgo, publicado tras observaciones con telescopios de última generación, muestra que la composición isotópica del agua de este cometa es prácticamente idéntica a la de nuestros océanos.

La investigación, liderada por Martin Cordiner, del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA, utilizó el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) para mapear, con un detalle sin precedentes, la distribución de agua común (H₂O) y agua pesada (HDO, con deuterio en lugar de hidrógeno normal) en la coma, la nube de gas que envuelve al núcleo helado del cometa, durante su reciente acercamiento al Sol.

Los datos de ALMA se combinaron con observaciones del Telescopio Infrarrojo de la NASA (IRTF), lo que permitió afinar la medición de la proporción de deuterio a hidrógeno (D/H). Esta relación es una especie de huella química que ayuda a rastrear de dónde procede el agua y cómo ha evolucionado en el Sistema Solar. El resultado sorprendió: la proporción D/H del 12P/Pons-Brooks, de (1,71 ± 0,44) × 10⁻⁴, es indistinguible de la de los océanos terrestres y la más baja jamás registrada en un cometa de tipo Halley.

“Cometas como este son reliquias congeladas del nacimiento de nuestro Sistema Solar hace 4.500 millones de años”, explicó Cordiner. “Nuestros resultados ofrecen la evidencia más sólida hasta ahora de que al menos algunos cometas de tipo Halley transportaron agua con la misma firma isotópica que la de la Tierra, lo que respalda la hipótesis de que contribuyeron a hacerla habitable”.

La Tierra primitiva, según los modelos, se formó a partir de materiales secos. Esto llevó a proponer que el agua pudo llegar a través de impactos de cometas y asteroides. Sin embargo, hasta ahora, muchas mediciones en cometas mostraban relaciones D/H diferentes, lo que ponía en duda su papel en este suministro. Este nuevo dato inclina la balanza a favor de su implicación, al menos para ciertos cuerpos como el 12P/Pons-Brooks.

Los cometas de tipo Halley, con órbitas de entre 20 y 200 años, visitan rara vez las cercanías del Sol. Precisamente por su escasez, cada oportunidad de observarlos es valiosa. En este caso, el equipo no solo midió la composición del agua, sino que también confirmó que los gases detectados provienen directamente del hielo del núcleo, descartando que se formen en reacciones químicas en la coma.

Stefanie Milam, coautora del estudio y también investigadora de la NASA, lo resumió así: “Al mapear tanto H₂O como HDO en la coma, podemos saber si estos gases emergen del hielo primigenio del núcleo. En este cometa, la señal proviene claramente de su interior”.

El éxito del trabajo se debe en parte a la sensibilidad y capacidad de imagen de ALMA, que permitió captar la débil señal del agua pesada procedente de las regiones más internas de la coma, algo que nunca se había conseguido cartografiar en un cometa.

El hallazgo no cierra el debate sobre el origen del agua terrestre, pero sí aporta una pieza clave al rompecabezas. Si algunos cometas presentan agua “terrestre” en su composición, es plausible que jugaran un papel más importante de lo que se creía en la historia temprana del planeta, y quizá también en el aporte de otros ingredientes esenciales para la vida.

El 12P/Pons-Brooks volverá a acercarse al Sol en unas décadas. Para entonces, los astrónomos esperan contar con instrumentos aún más precisos para seguir rastreando en sus hielos las huellas químicas de un pasado que, en cierto modo, también es el nuestro.

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