El voto preferencial
El dinero, generalmente sucio, manda, el dinero impone candidatos, el dinero determina quien sí y quien no. No gana el que tiene más méritos políticos.
Se supone que el voto preferencial tiene como propósito fundamental fortalecer el sistema de elección popular haciéndolo más abierto, plural y democrático. Sin embargo, no ha resultado de ese modo.
Lejos de abrirle las puertas a los sectores más representativos y amplios de la sociedad, se las ha cerrado para que entren, sin mayores dificultades, los representantes del bajo mundo con las alforjas llenas de dinero sucio que se imponen comprando el voto popular aprovechando la pobreza espiritual y material de la gente. Es así como ganan las elecciones. No las ganan, las compran.
Muchas alcaldías con sus concejales están copadas por personas provienen del juego de azar, del lavado de activo, del narcotráfico y de la corrupción tanto pública como privada. Lo mismo pasa en la cámara de diputados y el senado. De igual forma tenemos funcionarios en el gobierno central que aportaron grandes sumas de dinero para la campaña, que luego exigen que se les cumpla.
El dinero, generalmente sucio, manda, el dinero impone candidatos, el dinero determina quien sí y quien no. No gana el que tiene más méritos políticos, académicos, arraigo en su comunidad y vocación de servicios, gana el que disponga de más dinero para comprar gente.
El voto preferencial se ha convertido en un problema que debe ser resuelto para las próximas elecciones. Propongo que sea eliminado, que cambiemos el método para que a los dueños de las cien mil y tantas bancas de apuestas -que también constituyen un problema social múltiple- y a los dueños de los miles de puntos de drogas, que dicen hay en el país, les sea más difícil continuar imponiéndose en los partidos y en las elecciones.
Ahora bien, los partidos mayoritarios y los poderes fácticos deben revisarse, verse por dentro, porque tienen una cuota muy alta en lo que ha pasado en los últimos años, corrompiéndose y corrompiendo los procesos electorales, lo que ha permitido que tengamos gobiernos locales y un Congreso muy cuestionable.
Las campañas electorales son muy caras en nuestro país. Hay que reducir sus costos. Los partidos tienen que hacer un acuerdo o pacto para crear leyes que hagan más diáfanos y transparentes los procesos electorales, ponerle determinados candados, éticos y morales, a las campañas. ¡Hay que cerrarle las puertas al bajo mundo! ¡Hay que impedir que los gobiernos municipales, que el gobierno central, que el Congreso continúe llenándose de personas sin condiciones, que lo único que tienen es dinero.
- El voto preferencial impide que los ciudadanos trabajadores, estudiosos, honorables, con vocación de servicio, que llegan a la política con deseos de servir, de ayudar, ganen unas elecciones.
El congreso está lleno de analfabetos funcionales. Solo hay que oírlos hablar. Lo mismo pasa en las salas capitulares y en el propio gobierno. Como diría Joaquín Sabina, son tan pobres que no tienen más que dinero.
A los políticos no parece interesarle la procedencia del dinero, si es lícito o no, si proviene de la corrupción o no. Un candidato eterno que ya fue presidente de la República dijo en una ocasión que aceptaba el dinero “venga de donde venga”.
A mi juicio el doctor Eddy Olivares era el candidato a senador idóneo por el Partido Revolucionario Moderno en el Gran Santo Domingo. Lo propuse en diversos escenarios de su partido. “Si, pero no tiene dinero para enfrentar al gobierno y al PLD”, fue la respuesta. Es la historia de muchos hombres y mujeres honorables que no pueden ser candidatos ni ganar una contienda por el simple hecho de no tener dinero, de no aceptar dinero del narco, del lavado de activo, la evasión fiscal o la corrupción.
Saquemos el dinero del juego de azar, del narco y de la corrupción de las campañas electorales. Los partidos del sistema tienen la palabra. En su cancha está la bola. ¡Salto al centro y que gane el mejor, no el que tenga más recursos económicos!
Juan Taveras Hernández
JUAN T H Periodista de vieja daba, arrepentido de la profesión por lo tanto que se ha degradado; abogado sin ejercer por verguenza propia, más loco que poeta y viceversa, que no es lo mismo, pero es casi igual. No está orgulloso de haber nacido donde nació. Pero ni modo...
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