Fogaraté: La ira de Luperón
Muy bien que el Presidente Abinader y sus colegas de Panamá y Costa Rica se reunieran en Puerto Plata para acordar una Alianza para el Desarrollo en Democracia y urgieran al mundo a ayudar a Haití; muy bien que, luego de reunirse, Luis los invitara a conocer la estatua ecuestre de Gregorio Luperón…¡Pero sin imaginar que el gran prócer de este país tan especial estuvo a punto de abandonar su rigidez de bronce para bajar, sable en mano, a castigar a los protocoleros que dispusieron unos retretes junto al pedestal del monumento, por si a tan distinguidos visitantes los atacase alguna urgencia!…(Por suerte, Luperón pudo refrenar la ira).
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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