Fogaraté: Orfandad merenguera
Casi no se oye. Casi nadie lo baila. Su canto a la vida fue enturbiado por una porqueria callejera. El país carece de música de fondo. El campo se ha enturbiado con la vulgaridad más bachatera. Ya no hay quienes bailen cuerpo a cuerpo. Ningún milenial sabe quiénes fueron El Caballo Mayor, Fernandito el de Loma de Cabrera, el Vargas de Villa ni el Vargas de Altamira, y ni hablar de MIlly y sus vecinos, y mucho menos del Trio Reynoso, Joseíto Mateo y Guandulito… (Tuve que apagar la radio, por la cruel evidencia de que, como nos lo advirtió Rafael Chaljub, el merengue se fue y la patria dominicana ha quedado huérfana de identidad).
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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