Fogaraté: Reiteración del absurdo
Eso de despedir a un simple empleado del Estado, técnico o profesional bien calificado, cumplidor de sus deberes, con vocación de servicio, disciplinado y honrado (aunque no haya quien lo sustituya con iguales atributos), simplemente porque es miembro o simpatizante de un partido opositor, se me antoja una vendetta fundamentalista en un país que necesita aprovechar su mejor talento, más allá de credos y pertenencias, para hacer frente al atraso con eficiencia. Repetir, como lo vemos, esa nefasta práctica es reiterar, a estas alturas del Siglo 21, que el Estado sigue siendo un vulgar premio de lotería electoral.
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Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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