Fogaraté: Don Enrique, por siempre
Era capaz (me consta) de dejar a quien fuera con la palabra en la boca porque “señor, lo llaman de la Fundación Progressio”. Le importaba más (me consta) salvar un árbol que discutir intereses bancarios más o porcentajes menos. Gozaba más (me consta) las plantas del inmenso vivero que una gran cena empresarial. Sufría más la pérdida de un bosque que lo que acordara, bueno o malo, la Junta Monetaria. Era (me consta), más allá de su exitoso oficio empresarial, un defensor del mejor futuro de nuestros recursos naturales. Por todo eso que me consta, jamás olvidemos el buen ejemplo de Enrique Armenteros.
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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