Fogaraté: A quien nunca ha muerto
En estos días se recuerda a un inmortal predicador religioso que nunca hizo una misa, pues no creó ninguna iglesia. Que no acumuló siquiera un peso de riqueza. Que expulsó de un templo judío a comerciantes que promovían las mejores ofertas. Que huía hacia el desierto a comulgar en silencio con la naturaleza. Que, aunque contaba con un montón de revolucionarios dispuestos a jugársela contra los invasores de su país, inexplicablemente se inmoló sin oponer ni mínima resistencia… (Y en él precisamente está la referencia de bondad, solidaridad y vocación de sacrificio de los buenos humanos, sin importar ideas y creencias).
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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