Fogaraté. Sin tiempo que perder
El domingo a las cinco de la tarde llegué a la Puerta del Conde (que es como llegar a encontrarse espiritualmente con aquellos ilusos muchachos de Febrero) y me sentí muy alegre cuando vi tanta gente en filas para estampar su firma, con cédula y todo, contra la corrupción y la impunidad. En fin, ¡me sentí ciudadano!, que es la categoría más alta de la existencia social; más alta que escribir sueños, gritos y celebraciones cada día; más alta que rumiar rabia y tristeza silenciosamente; más alta que perder el tiempo medrando del tiempo por el tiempo mismo…(Y para eso, ciudadanamente hablando, ya no tenemos tiempo).
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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