Fogaraté: Inevitable envidia
Los centros de votación, en valles, montañas y costas, se abrieron de seis a seis. Los ciudadanos hicieron sus filas sin grandes alborotos, sin nadie comprando votos ni ofreciendo picapollos, sin ningún carajo haciendo publicidad entre los votantes. Todo transcurrió en un ambiente verdaderamente festivo y con la participación igualitaria de los partidos contendientes. Luego se contaron los votos, uno por uno, y hasta se revisaron los nulos y observados. En cosa de horas se supo oficialmente quién había ganado, y colorín colorado. (¡Qué envidia con Perú!… ¡Qué país tan atrasado es la República Dominicana!).
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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