Fogaraté: Ni tanto ni tampoco

Supongamos que aquí todos los políticos fueran honestos. Y los funcionarios honrados. Y los burócratas eficientes. Y las leyes perfectas. Y los jueces justos. Y los legisladores serios. Y los síndicos trabajadores. Y los policías civilizados. Y las elecciones limpias. Y los ciudadanos felices… Si este país se pusiera más aburrido que Groenlandia, ¿de qué diablos viviríamos los escribidores cuando no se produzca una injusticia, un robo, un desaguisado burocrático, una arbitrariedad policial, un absurdo legislativo, un engaño político, una mentira descarada? ¿Será posible que nos toque morir de hambre en tan insoportable paraíso?
Ramón Colombo
Soy periodista con licenciatura, maestría y doctorado en unos 17 periódicos de México y Santo Domingo, buen sonero e hijo adoptivo de Toña la Negra. He sido delivery de panadería y farmacia, panadero, vendedor de friquitaquis en el Quisqueya, peón de Obras Públicas, torturador especializado en recitar a Buesa, fabricante clandestino de crema envejeciente y vendedor de libros que nadie compró. Amo a las mujeres de Goya y Cezanne. Cuento granitos de arena sin acelerarme con los espejismos y guardo las vías de un ferrocarril imaginario que siempre está por partir. Soy un soñador incurable.
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