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DiarioDigitalRD

<p>Difícil encontrar gentes sin patria</p>

| | 3 min read

<b>La frase, eslogan o grito de&nbsp;batalla “Prefiero traicionar a mi Patria que traicionar a la humanidad”,
lanzado por quienes se oponen a la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional,
a la verdad que no la entiendo ni que me la expliquen.</b>

El planeta tierra está habitado por todos los seres humanos -en&nbsp; el 2011, 7 mil millones- distribuidos en
territorios donde se han establecido naciones, repúblicas, estados, patrias,
con sus estructuras jurídicas, idiomas, costumbres, tradiciones, hábitos,
leyendas, mitos, folclor, gastronomías, creencias, ritos, etc., y dentro de ese
escenario, creo, a menos que me convenzan de lo contrario, está República
Dominicana, compuesta por dominicanos, y Haití, formada por haitianos.

En este siglo
21 es difícil encontrar gentes sin patria, pero imposible encontrar patria sin
gentes.

La Patria Dominicana, fundada y habitada por dominicanos es parte
fundamental de la humanidad y quien la traiciona está traicionando a la
humanidad también, porque como sentenció José Martí: “Patria es humanidad, es aquella porción de la humanidad que vemos más
cerca, y en que nos tocó nacer’’.

Quienes enarbolan esa inexplicable frase, no tienen nada por méritos
propios, todo se lo deben a esta patria que dicen traicionar, desde el
espermatozoide y óvulo con que fueron fecundados, el primer grito que dieron al
nacer, hasta el último sorbo de agua que hayan ingerido, y como decía Eugenio
María de Hostos, “el segundo deber &nbsp;que tiene el ser humano con la nación es el de
la gratitud, porque la gratitud es el reconocimiento de los beneficios
recibidos”; para Platón “la ingratitud
es el peor de todos los pecados” y Lord Byron creía que “el que no ama su patria no puede amar nada”.

Para este grupo (“quiera el cielo que sean pocos los que
continúen vueltos de espaldas a la patria”, José Martí) el concepto que
tienen de “la humanidad” es tan infinitamente pequeño que lo limitan a los
ciudadanos de la patria haitiana que están de manera ilegal en nuestro país y a
los hijos de los mismos, esa es su “gran humanidad”, más grande que diez
millones de dominicanos, que para ellos, -que también están incluidos- paradójicamente
no formamos parte de la humanidad.

Haití, donde real e históricamente se violan todos y cada uno de los
derechos de sus defendidos, es el escenario fantástico para elevar ese grito de
guerra en favor de “esa humanidad” que ellos tienen conceptualizada.

Quienes se identifican y se santifican como “traidores a la patria”, son
menos patriotas que sus defendidos quienes protegen más su identidad cultural y
por consiguiente su patria que sus defensores, y para eso solo hay que ver la
campaña que tienen contra el país, el boicot a los pollos, huevos, salamis,
carnes, plásticos y otros productos dominicanos.

No estoy en contra de nadie, estoy a favor de mi Patria, y dentro de esa
posición, me identifico con las palabras de ese gran hombre de América, José de
San Martín: “Yo no aprobaré jamás que un hijo del país se una a una nación
extranjera para humillar a su patria”.

Es tiempo, y ahora lo es más que nunca, que todo hijo de esta tierra que
se sienta agradecido de todo cuanto ha recibido de ella, nos pongamos a su lado,
porque “la patria tiene hoy una gran necesidad y es desertor el que no acuda
hoy mismo a ella”, como sentenciara José Martí.

Sentirnos orgullosos de ser parte de este maravilloso país, es decir con
&nbsp;San Juan Crisóstomo “no hay nada más
dulce que la propia patria”, y “el patriota –el que ama a su patria-&nbsp;cree que el lugar donde nació se merece todo
el amor del mundo; y eso sí es cierto”, como escribió el famoso escritor Camilo
José Cela.

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